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viernes, 24 de agosto de 2018

Periodo de adaptación consciente y feliz

Hoy vengo a hablarte sobre el periodo de adaptación, una vez más.

Este es un tema que me gusta especialmente porque me toca directamente.
Es como ese mar que te trae la ola una y otra vez.

Hace unos  días leí en Instagram una publicación sobre el periodo de adaptación que realmente me enamoró y lo quiero compartir contigo.

Muchas veces se habla del periodo de adaptación como un proceso doloroso, de sufrimiento. De llanto. De angustia del niño y, me vais a permitir que personalice, de la madre.

"Nos venden la moto" diciéndonos que "hay que pasarlo", que "esto es así", que "hay que dejar a los niños llorar", que "son unos días malos y ya está".

Me vais a permitir que lo ponga en duda.

De todo esto voy a estar hablando con Lucía del Castillo de Ama tus Emociones en un directo en Instagram el Lunes 27 de Agosto a las 11:00 am


Te dejo su cuenta: https://www.instagram.com/ama_tus_emociones/

Si no podéis asistir, os compartiré el enlace al vídeo que grabaremos. Estará disponible en Youtube en unos días en el canal de Lucía y, si aprendo, lo subiré también a Facebook.



Dicho esto, hoy os voy a contar mi experiencia.

El curso pasado viví por primera vez este periodo de adaptación desde  una perspectiva nueva. Desde el otro lado, como madre.

Yo, que llevo 10 años como maestra, poniendo corazón y muchos amor a los niños con los que he tenido el privilegio de trabajar, tuve que aprender lo que es estar en los zapatos de todas aquellas mamás que he conocido y han dejado a sus hijos en mis manos.


Cómo lo viví y qué aprendizaje saqué.

Cuando mi hija nació, como a muchas de vosotras, me arrasó un tsunami emocional que me puso la vida patas arriba.

Lo he contado en muchas ocasiones. Siempre soñé con ser madre.
La vida me hizo el inmenso regalo de hacer mi sueño realidad.
Y en este punto tengo que decir que YO SÍ lo viví como algo mágico y muy hermoso.

Entiendo que hay tantas maternidades como mujeres.
Tantas lactancias y crianzas como madres.
Y que cada una lo vivimos de una manera.

Por eso os vengo a contar cómo yo lo viví, por si os resuena y os es de ayuda.

Tras 10 meses intensos de crianza y maternidad a tiempo completo, me separé por primera vez de mi pequeña.

Pasé el verano anticipando un momento que no quería que llegara.
Sabía... Sentía... Que no estábamos preparadas. Que YO no estaba preparada.

Y aunque busqué ayuda, haciendo un taller sobre Adaptación Escolar con Miriam Tirado, no fue suficiente.

Durante los primeros meses de maternidad, las mujeres estamos con las emociones a flor de piel, muy sensibles y vulnerables. Es algo natural... Un instinto animal que nos hace conectar con nuestros hijos/as y vivir "alerta" 24 horas.

Cuando miro hacia atrás y veo lo que he aprendido en este año... Me parece increíble.

10 cosas que aprendí sobre el periodo de adaptación de mi hija

1. El periodo de adaptación no es NI DE LEJOS 3 días o una semana.

Ese es un tiempo que marcan muchas escuelas infantiles y colegios para "ir sumando horas".
Pero que no os engañen. Este tiempo es un tiempo "indefinido".


Será el tiempo que cada familia y cada niño necesite para "ser ellos mismos".

Digamos que habrá acabado el proceso cuando nos sintamos tranquilos, cuando estemos en paz.

Hablando del niño, sabremos que está adaptado cuando sea "el de siempre". Un niño feliz, que juega tranquilo, que se queda en la escuela como si fuera su segunda casa.

Como podéis imaginar, esto no se consigue en 3 días, ni una semana.
No puedo acotar cuánto tiempo necesitaréis porque es algo totalmente individual.

Cada niño, cada mujer, cada uno de nosotros somos irrepetibles y únicos, y por lo tanto, así será nuestro proceso de adaptación. ÚNICO.

2. El periodo de adaptación no pasa necesariamente por el llanto y el drama.

Aceptamos socialmente que es así. Como os decía, "que los niños tienen que llorar y es así".

Nos lo creemos. Nos convencemos como madres primerizas, porque nos lo han contado, que sólo hay un camino y que "no nos queda otra más que aguantar el chaparrón".


Hoy te vengo a contar que no es así.

Que puede que tu hijo:

- Llore al dejarle en la escuela.
- Esté más irritable.
- Duerma o coma peor en una temporada.
- Esté pegado como una lapa por las tardes para recuperar "el tiempo perdido".
- Tenga más rabietas que parecen "no tener sentido" pero que en realidad es un "te he echado de menos".

Todo esto puede pasar... O NO.

Cuando escolaricé a mi hija el curso pasado, empecé el periodo de adaptación con esa misma angustia que probablemente estés pasando tú.

Tenía ansiedad, me costaba dormir... Me resistía a lo que estaba pasando. A lo que estaba por venir.
Sólo empeoré las cosas con mi actitud y lo peor es que o no me daba cuenta o no sabía cómo pararlo.

Y es que mi intuición me decía que aquello "no estaba bien".

Tengo la suerte de tener una hija muy alegre que, hasta que empezó la escuela infantil, no se había puesto enferma de nada. Nunca.

Yo no sabía lo que era ver llorar a mi hija más allá de motivos como el cansancio o la incomodidad física.

Creía que estaba en mis manos su bienestar y su felicidad. ¡Qué sobrada iba!
Menuda lección de humildad me iba a dar la vida...

Quería confiar en que como tenía un apego seguro y siempre había aceptado los cambios y las personas nuevas con facilidad, en esta ocasión sería igual.

Y digo "quería confiar" porque no lo hacía.

Y es que el periodo de adaptación en muchas ocasiones, es más de la madre que del niño. Me explico.

Era yo la que me resistía a abandonarla.
Era yo la que no quería volver a trabajar.
Era yo la que no estaba preparada.

Era yo la que se estaba resistiendo al cambio y no confiaba en que mi hija iba a estar bien.
Porque sentía que nadie la conocía como yo. Que nadie la quería como yo. Que no iba a estar tan bien como estaba conmigo en ninguna escuela infantil.

Era yo, tristemente, la que influí en que su periodo de adaptación fuera un desastre total.

Sí. Fue un desastre.

Pasamos por el llanto y el drama.

¿Cómo puedo decirte que el periodo de adaptación no pasa por esto si justo estoy diciendo que es lo que vivimos?

Pues bien, yo no me sentía con fuerzas para dejar a mi hija en la escuela infantil.
Siguiendo el consejo de Miriam, desde ese lugar no podemos ayudar.
El primer día de escuela infantil, fue mi marido el que la llevó.

Si nos posicionamos como las niñas que fuimos, heridas y abandonadas, difícilmente vamos a acompañar correctamente en su proceso a nuestros hijos.

La buena noticia es que no tiene que ser así. Y os lo cuento porque tuve la suerte de poder vivir ese periodo de adaptación dos veces en un mismo curso.

Tras un mes y medio de lágrimas diarias, de noches sin dormir, de tardes de teta y brazos, de mucha culpabilidad, de visitas al hospital y al pediatra como nunca antes, de mocos, de vomitonas, de fiebre... Decidimos que aquello no podía ser y dimos de baja a nuestra peque en la escuela infantil a la que iba.

Vaya por delante que su profe ponía de su parte. Era simpática y cariñosa. Se notaba que tenía vocación y en la entrevista tuvimos una conversación muy agradable.
Pero, una vez más, no fue suficiente.

Mi hija se quedaba llorando día tras día. Y cuando la recogía, seguía llorando.

Para mí, hubo un día que marcó el punto de inflexión.

El día en que sentí: así no.

Era el tercer día en el que llevábamos a Luz a la escuela.
Me sentí positiva y fuerte para dejarla yo misma por la mañana.
Aparqué en la puerta y entré con una sonrisa, diciéndome a mí misma que aquel sería un buen día.

Cuál fue mi sorpresa cuando le pregunto a su profe:

- ¿Qué tal ayer?

Su respuesta:

- Bien. Estuvo llorando desde que la dejasteis hasta que se quedó dormida dos horas después. Pero cuando se despertó estuvo jugando un ratito. Es una pena que justo viniera tu suegra a buscarla.
Hoy se queda a comer. Mañana a dormir y pasado el horario completo.

¿CÓMO?

Saltaron todas mis alarmas.

¿Cómo que estuvo llorando durante dos horas?
¿Cómo que no me llamásteis?
¿Cómo que se quedó dormida de puro agotamiento?
¿Cómo se puede considerar que porque al despertar quisiera jugar un poco estuvo "bien"?

Me quedé sin palabras.
Sin posiblidad de reaccionar.

Me arrancaron a mi hija de los brazos mientras lloraba fuera de sí.

Me dijeron:

- Vete tranquila mujer. Está bien.

¿Cómo me iba a ir tranquila?

Apenas me dejaron despedirme de ella. Tuve que dejarla en la puerta (como es política en esa escuela infantil).

Salí de allí conteniendo mi propio llanto.

Me fui hacia el colegio donde trabajo (al que por cierto yo misma me estaba adaptando porque era nueva) totalmente colapsada. Indignada. Enfadada. Profundamente triste y desmotivada.

Llegué a la puerta de mi cole y llamé a mi marido.

- Esto es una mierda.
No puedo con esto. No quiero llevarla allí nunca más.
¿Te puedes creer lo que me han dicho? ¿Por qué no nos llamaron?
Voy a pedirme una excedencia. Seguiré con Luz en casa.

Y en el peor momento...
¡Zas! ¡En toda la cara!

Mi marido me escuchó muy serio y me dijo:

- Carol, no voy a permitir que hagas esto.
No pienso pasar otro mal año porque sientas que no quieres hacer esto.
Para.
Vas a entrar en el cole y te vas a recomponer.
Mañana hablo con Isabel y le pregunto qué ha pasado.
Pero no vamos a sacar a Luz de la escuela infantil y tú no vas a cogerte una excedencia.

¿Veis como digo que cada proceso de adaptación es único?

Mi chico lo estaba llevando de otra forma.
Quizá más práctico y menos emocional.
No le culpo. Hizo lo que pudo en ese momento y aunque no supo acompañarme en mi dolor, al día siguiente fue muy serio a hablar con la profe y le dejó claro que no íbamos a seguir ese ritmo.
Que no se quería a comer. Que haríamos las cosas más despacio.

Le perdono y le agradezco que intentara ayudar, a su manera.

Y es que cuando pedimos ayuda... Tenemos que estar abiertos.
Aceptar que los demás no hacen las cosas como nosotros. ¡Porque no son nosotros!

Desde el principio dijimos que no teníamos prisa. Que aunque no podíamos ir a dejarla y recogerla todos los días él o yo, iríamos al ritmo que Luz admitiera y no la forzaríamos, porque contábamos con la ayuda de nuestras madres.

Me resigné. Me tragué mis propias lágrimas y me arrastré por los días que vinieron.
Intentaba estar serena y aprovechar los tiempos que tenía con mi pequeña, dándole todo el amor que me nacía en forma de caricias, besos, juegos, cama compartida y tardes sin reloj en brazos y al pecho.

Luz se quedaba llorando cada día. Tenía algún momento bueno pero no mejoraba gran cosa.
Empezaba a remontar y a mitad de la semana se ponía enferma.
Otra vez pediatra. Otra vez fiebre. Otra vez ojitos malitos...

Pasado un mes, le dije a mi chico:

- Estoy haciendo esto por ti.
Estoy intentando tener paciencia pero me parte el corazón verla así.
¿Y si buscamos otra solución?

Abrir mi corazón, dejarle ver cómo me sentía, conectar conmigo misma me permitió conectar con él.
A él también le estaba matando que Luz lo estuviera pasando tan mal y se pusiera malita cada dos por tres.

Le dimos unos días más de margen y finalmente buscamos una alternativa.
Buscamos una persona para que la cuidara en casa.

Esta decisión es muy personal.
Hay gente que no confía "en una extraña" y no quiere "meter a nadie en casa".

Yo decidí hacer un ejercicio de confianza cuando conocimos a Lola. Una chica joven que desde el primer momento tuvo buen feeling con Luz y que siempre la trató con dulzura, paciencia y mucho amor. Justo lo que necesitábamos.

Luz ya no se ponía mala.
Estaba feliz.
Cuando yo iba a casa a comer podía verla y darle el pecho.
Los días ya no eran tan duros.

Llegó Navidad y Lola nos dijo muy preocupada que le había salido otro trabajo. Que era una oportunidad muy buena que no podía rechazar.

Vuelta a buscar soluciones...

Finalmente, encontramos a otra chica, que además era mamá.
Una chica que tenía experiencia. Que estaba totalmente alineada con nuestros valores y nuestro modelo de crianza. Con formación en pedagogía respetuosa y disciplina positiva.

Paso a paso nos acercábamos a lo que necesitábamos en la medida que nos permitíamos lo que queríamos y mejorábamos en definirlo y comunicarlo. Especialmente yo.

Tener a Marta con nosotros fue un regalo.

Luz se adaptó enseguida.

Realmente era como tener a una amiga en casa.
Me daba total confianza.
Su trato con Luz era amoroso.
Hablar con ella siempre era un placer.

Pasado un mes... De nuevo. Cambio de planes.

A mi marido le ampliaban el horario en su empresa (lo que era una buena noticia) y necesitábamos que Marta se quedara más horas.

A priori, di por hecho que, como estábamos tan contentos todos, ella querría ampliar su horario también. Pero no fue así.

Marta decidió rechazar nuestra oferta. Decisión que yo respeté aunque ciertamente me puso triste.

En ese momento fue cuando decidí que no podíamos estar cambiando de persona de referencia cada mes o dos.

De nuevo esa sensación de "esto no está bien".

Pensé... Sentí... Que era el momento.
Yo ya estaba preparada para intentar una nueva escolarización.

Luz era más mayor y ya había tenido experiencias de adaptarse a cambios de forma positiva.
La casa parecía quedársele pequeña y tenía cada vez más intereses y necesidad de movimiento que, bajo mi punto de vista, no estábamos cubriendo plenamente.

Fui proactiva. Fui resiliente.

Trascendí de la queja y me dispuse a hacer las cosas con responsabilidad y determinación.


Tuve la gran suerte de encontrar una nueva escuela que ha sido un antes y un después.

Elena y su equipo en Garabatos nos hicieron sentir muy cómodos desde el primer día.
Nos abrieron las puertas de su casa, porque Garabatos es nuestra segunda casa.
Nos ayudaron a sanar todas nuestras heridas.

Aproveché dos días que yo no tenía cole en Febrero para hacer "el periodo de adaptación" con ella, dentro del aula.

El primer día, Celia, la profe de Luz, me recibió en la sala de psicomotricidad con unos poquitos peques.
Luz y yo estuvimos allí, jugando, tranquilas.
Mi hija empezó a explorar el entorno. A acercarse a sus compañeros/as.
Yo, mientras tanto, pude hablar con Celia, contarle nuestra nefasta primera experiencia, y compartir con ella mi sentir.

Me dijo que teníamos libertad para estar allí tanto como necesitáramos Luz y yo.
Me hizo sentir que todo iría bien. Y así fue.

Pude comprobar de primera mano cómo trataba a los niños, cómo les hablaba, cómo gestionaba los conflictos, cómo era la rutina...

Dada la primera experiencia de la que Luz podía tener malos recuerdos, nos planteamos que sería un proceso sin prisas. Respetuoso.

Al lunes siguiente, mi madre me acompañó y fue ella la que se quedó dentro de la clase, yéndome yo a trabajar después de estar un ratito juntas.

En pocos días Luz era una más.
No hubo grandes dramas ni llantos.

Claro que algún día ha llorado un poquitín porque podía estar cansada o encontrarse un poco incómoda físicamente, pero Celia supo ganarse su corazón desde el minuto 0. Hemos estado en coordinación constante, ayudando a Luz en su proceso y avanzando con ella.

Estos meses en Garabatos me han hecho crecer muchísimo como madre y como persona.

Es un lugar donde no sólo mi hija está feliz y se responde a todas sus necesidades, sino donde yo puedo compartir mi sentir con otras mamás (algunas de ellas también maestras).
Es un espacio donde compartir y crecer. Donde te acompañan con ternura en cada paso de la crianza, como ha sido el destete o el establecimiento de límites de forma respetuosa.

En unos días tendremos que hacer un nuevo periodo de adaptación.
Luz y yo hemos pasado el verano juntas muchas horas. ¡Llevamos nuestra mochila bien llena de buenos momentos!

Celia no estará el próximo curso.

Abrazo y dejo ir...
Abrazo lo aprendido y dejo ir el miedo y la tristeza.
Confío en mi hija y en mi misma para afrontar los nuevos cambios.
Confío en la vida que nos sostiene y nos lleva por el camino que necesitamos para seguir creciendo y "floreciendo".

3. La escuela que elijo para mi hija debe ser de mi entera confianza

La primera vez que escolarizamos a Luz la llevamos a una escuela pública en la que yo no confiaba.

¿Y por qué la llevamos entonces?

Cuando fuimos a ver las escuelas infantiles de nuestro municipio, nos enamoró una escuela pública que yo sentía que sería "la escuela de Luz".

Sin embargo, la vida sabia, me llevó por todo el proceso que he contado.

No nos dieron la plaza en la escuela que queríamos, sino en otra del municipio.
Una escuela que, sin menospreciar a sus trabajadoras, ni trabajaba como yo esperaba, ni estaba alineada con nuestros valores.
Una escuela que, a pesar de haber hablado de lo importante que era para nosotros el respeto por los ritmos de nuestra hija, no cumplió con nuestras expectativas.

Vaya por delante que todo lo que cuento es nuestra experiencia personal de familia.
Sé de otros niños que van a esa escuela y están felices.

Para mí, la escolarización debe ser un proceso bonito, de aprendizaje, de ilusión. No de "tragar con todo porque no te queda otra".


4. Soy ejemplo 

Yo, como Persona Altamente Sensible, ¿cómo iba a vivir el periodo de adaptación de mi hija y mi vuelta al trabajo?

Con intensidad.

Mi hija, que también es PAS, ¿cómo no se iba a contagiar de mi energía?

Ahora, con todo lo que he contado, es fácil entender cómo mi hija tuvo una segunda escolarización exitosa.

Yo elijo desde dónde vivo las cosas.
Si desde el miedo, la herida del abandono... O desde el amor y la confianza.

5. Tiro a la basura el saco de las expectativas.

Ya he hablado en otras ocasiones sobre el periodo de adaptación.
Podéis leerlo en estas otras entradas:


Otros años me tocó aprender que mis expectativas sobre cómo sería el curso se habían ido al traste al darme de bruces con la realidad.

Anticipar que van a llorar, que lo van a pasar mal... Sólo nos genera angustia.
Anticipar que todo va a ser perfecto, sólo nos lleva a la exigencia.
Creer que tu hijo va a reaccionar como el de tu vecina, sólo te lleva a la comparación.

He aprendido a fluir. A soltar lo que no puedo controlar. A confiar en mi corazón y en que aprenderé a salir adelante, en mi caso, normalmente por ahora, con esfuerzo y poniendo mucha conciencia.

6. La comunicación es fundamental

Yo soy una persona con una necesidad de comunicar grande.
Comunicar mi sentir.
Que no es la verdad absoluta. Pero sí mi verdad.
Aprendo a ser humilde.
Aprendo a hacerme cargo de mí misma.
Aprendo a no echar la culpa a nadie de las cosas que me pasan.

Isabel no tuvo la culpa de que Luz y yo no nos adaptáramos a la escuela donde trabaja.
Mi marido no tenía la culpa de que yo me sintiera tan mal o de que el periodo de adaptación fuera tan desagradable.
Marta no tuvo la culpa de que yo no quisiera más cambios para Luz y que hubiera establecido una relación con ella de apego tan grande.

Yo misma no tengo la culpa de que Luz se pusiera mala o de que llorara tanto la primera vez.

Aprendo a respetar.
A respetar a mi hija.
A respetarme a mí misma.
Aprendo a hablar desde el "yo".
Desde cómo me siento.
Aprendo a entender que mi sentir es sólo mío y que los demás sienten y actúan de otra forma y está bien así.

Aprendo a ver que todos tenemos un proceso de adaptación y crecimiento que nos pertenece sólo a nosotros.


7. Rodearme de personas que compartan mi sentir es de gran ayuda.

En la primera escolarización de Luz, me sentía totalmente sola y desamparada.
No sentía que la vida nos estuviera sosteniendo.
El que no hubiera nadie que me dijera:

 Te entiendo. Te veo. Tienes derecho a sentirte como te sientes,

era algo que yo necesitaba y de primeras, no tuve.

Un consejo gratuito y no pedido...

Rodéate de gente que sume. De gente con la que seas tú misma. De personas que no te juzguen, que te respeten, que te saquen sonrisas. De gente que te ayude a crecer. Que te enseñe y que te enseñe bonito.


8. A la hora de acompañar a mi hija, no debo "engancharme" a sus emociones.

Como PAS a veces es difícil no dejarse arrastrar por las emociones de los demás.
¡Mucho más si es mi hija!

Pero lo que he aprendido en este año es a decirle a ella lo que me digo a mí misma:

Te entiendo. Te veo. Tienes derecho a sentirte como te sientes.

Me sitúo como la adulta que soy. La madre que quiero ser. No la niña que fui. 

9. Los autocuidados son una prioridad y no son negociables.

Este año he aprendido mucho sobre lo fundamental, que es quererme yo primero. Respetarme a mí misma. 

Ese camino de ser "la mamá perfecta", que se olvida de sí misma para entregar todo a sus hijos/as sólo lleva a la carencia.

Hace un año yo no me permitía espacios y tiempos en pareja ni a solas más allá de una ducha o algún momento puntual. 
No descansaba bien.
No dejaba ir a personas tóxicas por miedo.
Anhelaba el amor propio que me faltaba sin hacerme cargo de mí misma. 
Había abandonado el ejercicio físico que tanto bien me hace.
Pasaba las 24 horas pegada a mi hija y no sabía ponerle límite.

En ese afán de "cubrir sus necesidad de apego" me negaba a mí misma.

Es un error.
Estoy en el proceso de comprometerme conmigo misma a ser mi prioridad y cuidarme como nunca antes.
Me perdono y me acepto.

Acepto que hace un año no sabía lo que sé porque no había vivido lo que me tocaba.


Hice un taller de meditación.
He hecho varios talleres para Personas de Alta Sensibilidad.
He trabajado con una psicóloga para superar cosas que me costaba hacer por mí misma.
Sigo trabajando en el desapego, en permitirme disfrutar y aprender cosas nuevas.

10. Mi hija es mi mejor maestra

No podía tener un nombre más apropiado. Luz.
Ella me ilumina.
Me ayuda a poner luz a mis propias sombras.
Me hace de espejo reflejando aquello que no acepto de mí.
Pero ¡ay!

Cómo consigo disfrutar con ella.
Es capaz de hacer desaparecer todo signo de negatividad.
Me hace reír.
Me regala ternura a puñados.

Centrarme en el presente con ella ha sido una de las grandes lecciones que me ha dado este año.


Cuando viene "el mono loco" a traerme fantasmas del pasado, a hacerme pensar en un futuro que desconozco... me digo a mí misma: 

¡Quita mono!

Y me pongo a bailar con ella. 
La abrazo. 
Disfruto de cocinar con ella. De jugar. De dormirla en mis brazos.
Me río con su risa.
Me emociono hasta las lágrimas cuando le digo ¡bonita! y me contesta "bonita".
Me lleno de amor cada vez que le digo que la quiero y con cada palabra y cada gesto, la quiero un poco más.


Ya no pasamos horas enganchadas a la teta.
He conseguido hacer un destete respetuoso. Lento y con mucho amor.
Respetuoso conmigo porque no quería continuar y respetuoso con ella porque acompaño sus emociones cuando me lo pide y decido decirle "no cariño. Ya no hay tetita."

Justo ayer, a pesar de haber dormido 3 horas, me regaló un día precioso del que me siento agradecida.

Así lo describí en estas líneas que ahora comparto:

"Aquella noche apenas durmió. Sin embargo, como decía aquella canción "se va quitando poco a poco telarañas".
Como tantas noches desde que se convirtió en madre (y otras tantas anteriormente) se desveló pensando en tareas pendientes, ideas para el próximo curso y el recuerdo de algún alumno y familia que le robaron el corazón.
Fue entonces cuando, después de muchas vueltas, decidió levantarse y apuntar en un papel aquello que le robaba el sueño.
Se sentía tranquila pero su mente no le dejaba descansar. 
Decidió que quizá leyendo se relajaría y los párpados se le acabarían cayendo, como suele suceder, pero no esta noche. 
Su chico se despertaba a la hora habitual y ella no salía de su asombro al ver que ya eran las 7 y llevaba desvelada 5 horas.
Al poco de marchar él, el sonido de unos pasitos le hizo sonreír. 
Su pequeña apareció agarrada a su pelota roja, abrazada a ella como si fuera un osito de peluche, sonriendo en silencio.
Y cuando creía que no podía ser más afortunada, su duendecillo le regaló un beso y un abrazo de buenos días. 
Con su lengüita de trapo le pidió un poco de yogur que compartieron entre risas y miradas cómplices. 
Y así es como, aún en penumbra, la niña iluminó con su mera presencia y ternura toda la habitación y cada rincón del corazón de su madre que se dijo a sí misma que bien valía estar despierta por ver esos ojitos guiñados, su sonrisa pícara y esas manitas preciosas apoyadas dulcemente a un lado de su cara."




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martes, 25 de octubre de 2016

Mamá fue pequeña antes de ser mayor. Reseña literaria

Hace algún tiempo, Laura Navarro, una maestra de Educación Infantil de Zaragoza y autora del blog La clase de Laura, me propuso participar en un proyecto colaborativo. Un blog de reseñas literarias.

Como me pareció una gran idea y además algo muy original, le dije que sí.

El blog ya lleva varias reseñas publicadas. Se llama "Coleccionando cuentos" y podéis verlo pinchando sobre la imagen.


Cuando Laura me preguntó qué libro me gustaría reseñar, estuve leyendo la lista que ella ya tenía elaborada y me llamó la atención este.


Lo elegí porque el título me pareció muy sugerente y apetecible dado mi estado.

¡Cuál fue mi sorpresa, cuando por fin lo leí!

Es un libro que no deja indiferente.
Las ilustraciones son bastante agresivas y "gamberras" (al menos para mi gusto).
Pero lo más sorprendente es que la historia no cuadra con las imágenes.

¿Por qué?

Porque tienen mensajes contradictorios.

La protagonista del cuento es una niña que dice ser muy buena y obediente.
"Una niña 10". Educada, respetuosa...
Sin embargo, las ilustraciones dicen todo lo contrario. ¡Es una chica super traviesa!

De primeras, me descolocó tanto que no me gustó.
Sin embargo, dedicándole tiempo. Leyéndolo más despacio. Le he cogido cariño.

Lo que más me gusta del cuento es la reflexión posterior que me suscita.

Quizá los adultos olvidamos cómo éramos de pequeños.
Les exigimos tanto a nuestros hijos (o a nuestros alumnos/as) que siempre les estamos pidiendo que cumplan todas nuestras expectativas:

- Que se coman toda la comida.
- Que se porten bien con sus hermanos y sus mascotas.
- Que no hagan ruido.
- Que obedezcan cuando les llamamos.
- Que saquen muy buenas notas.
- Que se porten "bien" con sus amigos y compañeros del cole.


Y un largo etc que, si lo pensamos detenidamente... ¡Es imposible de cumplir!

¡Los niños son niños! 

Mágicos. Espontáneos. Naturales.
A veces un poco traviesos. 
Alegres. Cariñosos...
Pero a veces no. En ocasiones no saben gestionar sus emociones y se rebelan.
Nos contestan mal. Tienen rabietas. Hacen trastadas...

Somos los adultos los que tenemos que aprender a gestionar toda esa intensidad y acompañarles en el proceso maravilloso del crecimiento y aprendizaje.

¿Alguna vez has pensado por qué te irrita tanto que tu hijo (o que tus alumnos) griten o sean inquietos?

Creo que es una gran pregunta que debemos hacernos tanto como madres como si somos profesionales de la educación.

Si le dedicas un tiempo, te darás cuenta que es porque te reflejas en él/ella como en un espejo.

Aquello que no aceptamos de nosotros mismos.
Aquello que no supimos resolver en nuestra infancia o adolescencia.
Aquello que nos hizo sufrir, como son las exigencias de nuestros propios padres, nos "salen" a modo de emoción: enfado, rechazo... cuando se repite en la conducta de las personas que tenemos alrededor.

Es importante que trabajes primero en ti mismo esa aceptación sobre tu propia historia. Tu propia infancia. 

Después de hacerlo, estarás mucho mejor preparado para ayudar a tu hijo (o tu alumno) a afrontar de forma positiva los retos que le plantea la vida.

Dicho esto...

¡Volvamos al libro!

Título: Mamá fue pequeña antes de ser mayor.
Año de edición: 2011.
Editorial: Kókinos.
Edad recomendada: 6-8 años.

Autora

Ilustradora

Algunas fotografías de su interior...




Aquí un vídeo donde una mamá lo lee con su hija...




Algunas propuestas para el trabajo con este libro...

Lo primero que se me ocurrió fue iniciar un proyecto sobre las familias. La infancia de nuestras madres. Un tema que nos puede dar mucho juego para después trabajar también educación emocional, la alimentación, las normas...

Actividad 1: Dibujamos a mamá.

Previo a la lectura del libro, les pediremos a nuestros alumnos (o a nuestro hijo, si es que lo leemos en casa) que dibujen a mamá cuando era pequeña.

Actividad 2: Redactamos una circular conjunta.

Lo que haremos a continuación será pedir la colaboración a las familias para que traigan fotografías reales.

Esta era mi madre de pequeña. En Toledo.

A esta edad, en que los niños/as ya van siendo capaces de redactar bien, es buena idea contar con su ayuda para redactar la nota informativa para sus papás. Es una forma de implicar a nuestros alumnos/as y motivarles.

Os dejo un ejemplo de cómo podría quedar.

Actividad 3: Nos visitan nuestras mamás.

En este punto del proyecto, tal y como se pide en la circular, sería ideal que las mamás que pudieran o quisieran vinieran al aula.

Les haríamos una pequeña entrevista con preguntas sobre su infancia: sus recuerdos, sus gustos, alguna anécdota...

También podríamos pedir a los niños/as que hicieran la entrevista en casa y luego hacer un calendario con las visitas programadas.

Cada día (o durante varias sesiones) cada niño de la clase haría una presentación sobre su madre.
Esta es una buena actividad para trabajar la expresión oral.

¿Qué preguntas podrían hacer nuestros alumnos/as a sus madres?

¿Cuándo naciste, mamá?
¿Alguna vez te contó la abuela algo sobre el día que naciste? Qué hizo ese día, qué tiempo hacía…
¿Cómo eras de bebé?
¿Qué te gustaba comer?
Cuando naciste, ¿tenías hermanos?
¿Te llevabas bien con tus hermanos?
¿Tenías alguna mascota?
¿A qué te gustaba jugar?
¿Cuál era tu cuento favorito?
¿Dónde estaba tu cole?
¿Te portabas “bien” o eras un poco traviesa?

Actividad 4: Somos reporteros.

Si por incompatibilidad horaria, las madres no pudieran venir al aula, podemos plantear la entrevista bien como actividad escrita, bien como proyecto de TIC.

Los niños/as grabarían un vídeo en el que se mostraran los resultados del "reportaje de investigación".


Actividad 5: Libro viajero.

Podríamos crear un libro de recortes con la colaboración de las familias.
Hacer apartados para que por turnos vayan rellenando con mensajes escritos cortos e imágenes.

¿Cuáles podrían ser ejemplos de estos apartados?

Mi mamá se llama…
Las mascotas de mamá.
Las comidas favoritas de mamá.
Los juegos de mamá.
Las trastadas de mamá.
Los miedos de mamá.

Actividad 6: Nuestros platos favoritos

Como decía al inicio, este libro nos da mucho juego para trabajar otros temas, como es la alimentación.

Después de hablar de qué le gustaba comer a nuestras mamás de pequeñas, podemos hablar de nuestros propios gustos y hacer una manualidad que refleje lo que más nos gusta.

Os dejo una imagen de cómo quedaría un mural con todos ellos.

Esta es una imagen real de un mural que vi en un colegio de Inglaterra hace un par de años

Actividad 7: Nuestros miedos

Alrededor de los 6 años, de forma natural, surgen cantidad de miedos en los niños.
Estos miedos son universales.

¿A qué le suelen tener miedo los niños?

A la oscuridad.
A los desconocidos.
A los ruidos fuertes.
A los animales o a los insectos.
A los fantasmas o a los personajes de las películas.

Aparte de hacer una puesta en común, podríamos hacer una gráfica que refleje las cosas que nos dan más miedo en nuestra clase.

Esta es una actividad que permite trabajar las Matemáticas de una forma significativa.

Actividad 8: Las trastadas de mamá

Por último, después de conocer las travesuras que hacían las madres de pequeñas, podríamos hacer una obra de teatro sencilla. Bien improvisando, bien preparando un guión previo.


Se podrían hacer muchas actividades más.

¿Qué os sugiere a vosotros este libro?

Espero que os haya gustado y que me dejéis vuestras aportaciones. :)

sábado, 27 de agosto de 2016

Periodo de adaptación

Hoy os voy a hablar del periodo de adaptación de los niños a la escuela.

¡El motivo principal de escribir esta entrada es que mi sobrina Carlota ya ha empezado el cole!


Los que estéis en España diréis: ¿tan pronto?

No os asustéis. En su país de residencia, Suiza, empezaron las clases el pasado lunes.

Hablando con mi hermana, me comentaba cuántas emociones están a flor de piel en estos momentos.
Estamos muy agradecidos porque lo está viviendo con mucha alegría y eso siempre reconforta, ¿verdad mamis?

Como le decía hace días, Primero de Primaria es de mis cursos favoritos (si no el que más). Sin duda.
Es un año mágico. Lleno de emociones. De sorpresas. De grandes progresos y descubrimientos.

Hay maestros que nunca quieren dar clase en este curso porque implica mucho trabajo y se "desesperan" porque los alumnos/as son muy pequeños y no avanzan todo lo rápido que a veces nos gustaría.

Es aquí donde voy a detenerme un poco porque este es un tema clave: las expectativas.

Queridos profes. Queridas familias...
¡Vamos a echar un poco el freno! Tenemos una manía de correr...

Por pasos.

Para profes

A todos los maestros que disfrutamos esta profesión tan bonita y apreciamos tanto con los detalles, nos encanta tener la clase preparada cuando vienen nuestros alumnos/as.Todo ordenado. El material listo. La clase decorada...

Yo misma he vivido ese agobio que querer tener la clase "perfecta" antes de que llegara el primer día de clases.

El año pasado, mismamente, estuve días hasta las 7 de la tarde en el cole: preparando rincones, forrando corchos y paredes, preparando la pizarra digital y el ordenador de aula, que nos dio bastantes problemillas (sobre todo al principio)...

La vida sabia te enseña que, por mucho que quieras ganarle horas al reloj, el tiempo es el que es.

A veces nos empeñamos en que las cosas sean a nuestra manera. Queremos controlarlo todo. Pensamos que si trabajamos duro, obtendremos los resultados que queremos tal y como lo habíamos imaginado... Y no es así.

Recuerdo un día a principios de septiembre. Eran las 7 y media de la tarde.

Mi chico me estuvo ayudando a montar una estantería que habíamos comprado nueva para la clase de 2º de Primaria y a mover las mesas para que no tuviera que hacerlo yo sola. Creo recordar que quedaban sólo un día o dos para que vinieran los niños.

Como os decía, el ordenador de mi clase no funcionaba, pero no estábamos seguros de si era la pizarra digital o el pc lo que estaba dando errores, así que pensé: "voy a buscar una alternativa porque necesito este recurso.

Decidimos ir a la antigua clase de Música, que en principio no se iba a usar, para ver si esa pizarra digital funcionaba y así planificar los primeros días contando con ese espacio.

Después de mover un ordenador de los antiguos, con su torre y su monitor; enchufar todos los cables; iniciar el ordenador... ¡La pizarra digital de estaba desconfigurada y no hubo forma de hacerla funcionar!

Recuerdo que miré el reloj  y le dije: "Amor, déjalo. Vámonos a casa. Mañana será otro día."

Y es que llega un momento en que debemos ceder. Rendirnos y aceptar las cosas como vienen.

La vida nos dice "no" y nosotros nos frustramos.

¿No os ha pasado a vosotros también?

Pero si sabemos ver más allá, nos daremos cuenta de que en realidad no es un "no cerrado".
Es un "espera un poco más. Busca el camino. Busca... UNA ALTERNATIVA".

Hace años, recuerdo una conversación con mi hermana en la que me dijo:

"Hacemos planes pensando en que la vida será como es ahora mismo. Pero no es así.
La vida, en una semana, en un mes, en un año, nunca será igual.
Lo que debemos aprender para ser felices es la capacidad para ADAPTARNOS".

¡Pero qué razón tenía!

En la escuela, como en la vida, esto es el pan nuestro de cada día.

Los profes planeamos el curso con antelación. Los temas, las actividades, los tiempos...

Invertimos cantidad de tiempo en preparar materiales con muchísima ilusión.
Investigamos. Buscamos. Imprimimos. Creamos pancartas, murales, materiales manipulativos, cuentos, juegos...

¡Nos encanta! (A mí por lo menos y me consta que a muchos que me siguen, también.)

El querer tener la clase "perfecta" nos genera muchísima ansiedad.

Vamos al cole a primera hora, aprovechando que no hay niños/as y pensamos: "qué bien. Hoy me va a cundir un montón el día".

Pero luego siempre surgen cosas:

- Una reunión que se alarga.
- Una serie de llamadas o emails a los comerciales de las editoriales que no te han mandado el material cuando/como debían.
- Ayudas a una compañera que necesita que le echen una mano porque está recién llegada al cole.

Total. Que cuando quieres entrar en tu aula es así la hora de comer "y no has hecho NADA".

Comes algo rápido y te pones a limpiar y ordenar los libros de la biblioteca de aula.
A media tarde, te das cuenta de que estás agotada y tienes que hacer la compra o ir al médico o recoger algo que tenías encargado en una tienda.

Así que, finalmente, te vas a casa y sigues echando horas después de preparar la cena o recoger un poco o lo que sea.

¡Y eso si no tienes hijos o tu pareja/familiares te ayudan con esa tarea!

Conclusión. Es mucho mejor tomárselo con calma y humor.

¿Que no te ha dado tiempo a hacer el cartel de bienvenida? No pasa nada.
¿Que al final no has podido colgar el abecedario en la pared? Ya lo harás.

Tenemos mucho tiempo por delante.

También podemos pedir ayuda a alguna compañera (o compañero, que aunque pocos, también los hay) o incluir a los niños, cuando vengan en algunas actividades.

¡A los peques les encanta ayudar!

Claro que hay que tener en cuenta su edad. No es lo mismo una clase de niños de un año, dos o tres, que ya alumnos/as de 5 años, Primero o Segundo de Primaria.

Lo fundamental es que aprovechemos los primeros días para crear un clima en el aula de confianza.
Establecer rutinas. Conocer a los niños. Adaptándonos a sus necesidades y características.
Ir conociendo a las familias o, si ya las conocemos del año anterior, ir programando reuniones para que nos cuenten qué tal han pasado el verano o si hay algo que debamos tener en cuenta que haya pasado en estos meses...

Otras consideraciones importantes...

1.- Los niños viven el presente.

Por mucho que sus papás o nosotros les anticipemos lo que va a pasar a lo largo del día, las normas, etc. Se les olvidará.

Habrá que repetírselo un montón de veces. Siempre con cariño. Sin enfadarnos.

Hay que asumirlo. Tener paciencia y confiar en que cuando pasen unas semanas, aprenderán cómo tienen que hacer las cosas:

- La importancia de la puntualidad.
- La importancia del orden.
- La importancia del respeto.
- La importancia de la responsabilidad personal y la verdad.
- La importancia de ayudarse y pedir ayuda cuando la necesiten.
- Aprender a esperar.
- Aprender a ceder el turno.

Aún así. Según avance el curso, seguro que habrá momentos en los que tendrás que recordarles cómo queremos las cosas. Qué esperamos de ellos. Qué pasa si no realizamos las tareas que nos habían mandado o si no nos comportamos adecuadamente.

No estoy hablando de castigos ni de regañar (que a lo mejor, en un momento dado, toca). Sino de HABLAR CON LOS NIÑOS.

Muchos profes (y la gente en general) entienden que ellos "mandan". Que están por encima de los niños. El adulto es el que sabe y el que ordena y el niño tiene que obedecer.

Y cuando esto no es así. Cuando un niño no cumple con las normas, te desafía, te reta, te contesta. Tiene una conducta desadaptativa... Te enfadas. Le regañas. Le gritas. Le castigas.

Todos en un momento dado perdemos la paciencia. Decir otra cosa sería mentir.

Perder los nervios y reconocer nuestro error o nuestra debilidad no es malo. Da permiso también a nuestros alumnos a equivocarse.

Mi experiencia es que cuando tenemos un mal día, si se lo explicamos a los niños, aunque sea al día siguiente, lo entienden. ¡Y no sólo lo entienden! Sino que, poco a poco, van siendo más respetuosos y empáticos.

Un día, te ven mala cara y te preguntan "¿estás bien profe? Pareces cansada."

Y eso... ¡Es muy bonito!

 2.- No deis nada por sentado.

Cuando entramos en una clase, nos encontramos 20 o 25 niños/as que son todos distintos.
Tienen familias distintas. Cada una con una forma de funcionar. Con unos hábitos y unos valores que pueden ser muy diferentes unos a otros.

La escuela es un lugar de encuentro. Donde se ponen en juego cantidad de factores.
No se trata (y en esto siempre insisto) de enseñar muchas Matemáticas o mucha Lengua o muchas Ciencias.

Claro que los contenidos curriculares son importantes y por eso están ahí.
Pero hay un "currículo oculto". Miles de cosas que se enseñan y/o se aprenden pero no están escritas en ningún sitio.

Las primeras semanas debemos establecer esa "base". Ir conociéndonos y, como decía antes, dejar claro a los peques lo que esperamos de ellos, lo que es aceptable y lo que no, dónde poner cada cosa...

3- Llevad un registro.

Los maestros tenemos tantas cosas en la cabeza, que es fácil "volverse loco".

Yo suelo tener varios cuadernos:

  • Para tutorías.
  • Para reuniones.
  • Para seguimiento de notas, calificaciones, registro de faltas, realización de tareas o trabajos, participación de aula...
Hay gente que lleva todo esto muy bien organizado en el ordenador, la tablet y el móvil.
Los hay más clásicos, que prefieren tenerlo todo en papel.
Y los hay como yo, que combinamos tecnología y materiales tradicionales como los cuadernos.

¿Qué cosas incluyo en el cuaderno de tutorías?

- Un genograma de cada alumno

Es una especie de árbol familiar. Un dibujo sintético que incluye información importante sobre la familia: edades y nombres de los familiares, número de hermanos, tipo de relación entre los miembros de la familia, fechas importantes...

Os dejo un ejemplo:

¿Cómo se interpreta esto?

Los círculos son mujeres.
Los cuadrados son hombres.
Las cruces significan que ha habido un fallecimiento.
Los números dentro de los círculos o cuadrados, son las edades.
Yo suelo marcar al niño con un doble círculo para saber qué lugar ocupa en la familia.

Por otra parte, las líneas también se pueden personalizar. Os voy a poner ejemplos de las que a mí me resultan más prácticas.
A la hora de conocer al niño y con el fin de ayudarle lo más posible, este tipo de herramientas nos dan mucha información y nos son muy útiles porque pueden explicar su comportamiento en un momento dado. 

Por otra parte, si hay algún acontecimiento, como el nacimiento de un hermano o algo grave, como puede ser una relación conflictiva o un abuso, tenerlo en mente nos ayuda a empatizar más con el niño y ser más cuidadosos a la hora de tratar con él, hacer un seguimiento de sus tareas, etc.

Como comprenderéis, cuando hay conflictos familiares, el nivel de exigencia no puede ser el mismo que en una familia "funcional". Y con esto no quiero decir que se justifiquen las faltas de disciplina, sino que es información a tener en cuenta.

En ocasiones, podemos llegar a "castigar" al niño por situaciones que no son su responsabilidad.

Es importante tener esta información, tratarla con mucha discreción y compartirla cuando lo veamos necesario con otros maestros o profesionales que trabajen con el niño, sólo cuando sea necesario.

- Un resumen de la evolución del niño

Lo ideal es hacer un seguimiento diario o semanal, pero lo cierto es que no siempre tenemos tiempo.
Por eso, cuando tengas un hueco, te recomiendo que te sientes delante de tu cuaderno y pienses en cada uno de tus alumnos:

- Cuáles son sus puntos fuertes.
- En qué debe mejorar.
- Qué estrategias funcionan con él o ella.
- Qué aspectos concretos del lenguaje o las relaciones sociales deben ser trabajados en grupo.
- Qué cosas nos gustaría trabajar con la colaboración de la familia.

- Un resumen de los temas tratados y los acuerdos tomados con las familias.

Cuando yo atiendo a una mamá, a un papá o una abuelita, no me gusta estar tomando notas. Alguna vez he pedido permiso para apuntar alguna cosa que no quería que se me olvidara, pero procuro no estar escribiendo mientras estamos hablando.

¿Por qué? Porque resulta frío y distante.

Las tutorías son un tiempo y un espacio en los que desarrollar la confianza. En los que debemos mirarnos a los ojos, darnos la mano o un abrazo cuando lo necesitamos, contarnos cómo vemos al niño y sobre todo, dejar claro que estamos allí para AYUDAR.

Lo que suelo hacer es una vez me quedo sola o, si tengo prisa, en otro momento, intento recoger una síntesis de lo que hemos hablado, si les he dado algún consejo, si me han expresado alguna preocupación, si hay algún acontecimiento familiar que pueda estar afectando al peque, si hay algo que esté próximo que yo deba tener en cuenta (un viaje, una separación, el nacimiento de un hermano...)

De verdad que es muy útil porque nos ayuda a entender el comportamiento presente y futuro de los alumnos.

¿Para qué un cuaderno de reuniones?

Este cuaderno de reuniones ya no es con las familias, sino con nuestros compañeros, con el Equipo Directivo del centro o con algún organismo colaborador.

Tanto si somos tutores como sino.
Si somos miembros del Consejo Escolar del centro.
Si somos coordinadores de algún equipo.
Si estamos realizando algún proyecto de formación, un grupo de trabajo...
Si asistimos a reuniones de coordinación, claustros, etc.
Recomiendo 100% tener un único cuaderno para este fin.

Yo lo aprendí de una compañera el primer año que entré en la escuela pública.

En ese cuaderno pegas o grapas:

- El orden del día de las reuniones.
- Documentos que te facilite el Equipo Directivo, tales como: protocolos de actuación, normas del centro, proyectos para ese curso, esquema de la Programación Anual,...

A continuación, escribes todos los acuerdos tomados en las reuniones, fechas de entrega de documentos oficiales (como pueden ser los informes de tus alumnos o los documentos de centro que te soliciten)...


Cuadernos de seguimiento.

Estos cuadernos de registro sirven para tomar notas sobre el comportamiento, las calificaciones, las faltas de asistencia, la realización de tareas, la participación en clase...

Los más útiles para mí son los de Additio. Duplex o triplex.


Podemos hacer la lista de clase con la página web, lo que es muy útil porque así la podemos imprimir y pegar. Os dejo el enlace de descarga:

Estos cuadernos están plastificados y tienen, algunos de ellos, unas fundas al final que para mí son muy prácticas para guardar fotocopias, algún material que he hecho y no quiero que se me pierda, alguna nota importante, etc.

Tenemos otras herramientas "más modernas" para recoger esta información. Pero para hablaros sobre ellas, haré una entrada específica.

4.- Tened otros recursos para apuntar

Apuntar, ¿qué?
Ideas que se os ocurran, por ejemplo:

- Temas que os gustaría tratar con el grupo.
- Actividades que podéis hacer con un grupo o varias clases.
- Ideas para materiales.
- Ideas para posibles entradas del blog, si es que tenéis uno.
- Tareas que tenemos que realizar.

Podemos utilizar:

Una agenda de las de toda la vida, de papel.
Tener un cuaderno para este fin.
Utilizar herramientas digitales:

- El móvil.
- Vuestra cuenta de Google. Si no la tenéis, os recomiendo que os abráis una.
- La tableta o el ordenador, para realizar, consultar o modificar archivos de texto, buscar información...

¡Eso ya va en gustos!

Algunas aplicaciones que yo uso mucho en el teléfono son:

G tasks
Esta aplicación gratuita nos permite hacer listas de tareas. Podemos consultarla y actualizarla desde cualquier dispositivo.

También podéis descargaros un widget en el escritorio del teléfono de manera gratuita.

Esto es muy práctico porque de esta forma puedes verlo todo el tiempo y recordar de forma cómoda las cosas que tienes que hacer o comprar.

Google calendar

Este calendario de Google también es gratuito y modificable desde cualquier dispositivo con conexión a internet.

Te permite recoger recordatorios de citas personales y laborales y ponerte alarmas y mensajes. 

Esto para mí es fundamental porque muchas veces me acuerdo de algo pero pasadas unas horas o unos días se me olvida. ¡Benditas alarmas!


Para familias

Siguiendo un poco la línea que he ido desarrollando, no puedo salvo recomendaros lo mismo:

- Paciencia.
- Tiempo y capacidad de observación de vuestros hijos.
- Desarrollar la capacidad de ponernos en su lugar.
- Disfrutar todo lo que podáis de los momentos que paséis juntos.
- Darles mucho cariño. Todos los besos y abrazos que os salgan.

En concreto, en lo que se refiere a "la vuelta al cole", no es necesario agobiar a los niños con mensajes que no les sirven para nada, del estilo:

"Ya no te queda nada para empezar el cole".
"Este año va a ser muy distinto. Tienes que esforzarte mucho y trabajar".
"Se te va a acabar tanto jugar. Este curso será muy difícil y hay que estudiar".

Esto sólo genera ansiedad y sentimientos negativos frente a la escuela.

Además, como os decía en la anterior entrada, hay una fusión "mamá-hijo" o "hijo-mamá".

Si nuestros hijos nos ven preocupados, nerviosos, hablando del cole constantemente, lo último que van a querer hacer es ir cuando toque.

Si os preguntan o quieren hablar del tema, por supuesto les daremos ese tiempo y espacio para hacerlo.

Pero sino, es mucho mejor que sigan disfrutando de las vacaciones. De sus tiempos de juego. De lectura. De dispersión. De dibujos. De cuentos... Su mundo de niños.

Lógicamente, habrá que comprar el material escolar y los libros. Si quieren, pueden acompañaros a adquirirlo. O revisar aquel material que tengamos de cursos anteriores, de hermanos o amigos que nos puedan prestar. Ver si está en buen estado. Poner nuestro nombre...

Tareas que debemos vivir con tranquilidad e ilusión.

Por último, os dejo un vídeo de Miriam Tirado donde nos habla un poco sobre la vuelta a la rutina. 
Me gusta como resumen a esta entrada porque recoge un poco mi sentir y va en la línea de lo que os he ido contando por escrito.

¡Disfrutad mucho del fin de semana!

jueves, 25 de agosto de 2016

La maternidad.

¡Buenos días!

Hace tiempo ya que no escribo una entrada y la verdad, no ha sido por falta de temas o ilusión.
Tengo muchas ideas pendientes y ojalá vayan saliendo...

- Periodo de adaptación a la escuela.
- Decoración de aula o de habitaciones infantiles.
- Actividades manipulativas para hacer en clase o en casa.
- Tutoriales e ideas para manualidades.

Como sabéis (y sino, os estáis enterando ahora), estoy esperando con muchísima ilusión la llegada de mi primera hija: Luz.

Estos 7 meses que llevamos juntas, han sido muy intensos.

Algunas personas opinarán que todavía no es "una personita". Que un bebé que todavía está gestándose, no puede considerarse "hijo" o yo "madre" hasta que no nazca.

Algunos, incluso, entienden que los niños hasta que no tienen 4 meses o incluso, más de un año, "no son personas". Los niños/as no se enteran "de nada". Sí. A veces lloran. A veces duermen. Comen. Se manchan... Pero no son personas porque no "interactúan".

Bueno. Esto no es así.

En verdad, los bebés sienten exactamente lo que nosotras sentimos. Las mamás.
Ya desde que son bien chiquitos, experimentan cantidad de sensaciones y emociones.
Claro que no saben aún ponerle palabras o no entienden por qué se sienten como se sienten. Pero SIENTEN.

A medida que van creciendo, ya en la tripita de mamá, se van haciendo notar.
Se mueven. Se estiran. Se comunican.

Están completamente fusionados con nosotras y perciben nuestra alegría, nuestra angustia... Todo lo que nos pasa.

A medida que se van desarrollando sus sentidos y sistema nervioso, van reconociendo nuestra voz. Ya saben que la mano que está transmitiendo su calor es la de mamá y la de papá. ¡Y empiezan a contestar!

Es algo mágico que he experimentado a lo largo de este verano.

A veces, hay una música o una comida que le gusta y me lo hace saber, moviéndose más.
Otras veces, cuando le hablo o le pregunto "gordita, ¿estás bien?", me contesta en forma de patadita.

Esa conexión o "fusión emocional" se inicia en estos momentos pero durará para siempre.

Puede que tu hijo ya no sea un bebé.
Quizá ya ni siquiera sea un niño pequeño.
Pero está conectado contigo.
Tendrá gestos parecidos a los tuyos. Gustos similares (¡o todo lo contrario!). Valores. Manías. Formas de sentir y expresar que son consecuencia de lo que habéis vivido juntos mamá-bebé o bebé-mamá.

Yo, que siempre he sido bastante intuitiva y observadora, ya "sabía" esto.
Sin embargo, saber y SENTIR son cosas muy diferentes...

Como maestra y psicopedagoga, a lo largo de mis años de experiencia, siempre he intentado "conectar" con mis alumnos/as.
Empatizo mucho con los niños/as. Me preocupo por cómo se sienten. Qué me dicen con palabras y gestos. Observo cómo se relacionan y se comportan.
Sufro y río con ellos. Me llenan de amor. ¡Así es!
Por eso he disfrutado y disfruto mucho mi profesión.

Progresivamente, he ido conectando también con las mamás (o papás) con las que me he ido encontrando. Es por eso que, en este momento quiero deciros a todos y cada uno: "GRACIAS".

Gracias en primer lugar por haberos atrevido a vivir la aventura de la maternidad/paternidad.
Por tener niños tan maravillosos. Llenos de matices. De cariño. De alegría. De retos. De aprendizaje.

Gracias también por la confianza que habéis depositado en mí y en la escuela donde hemos vivido juntos tantos momentos.

Gracias por haber estado dispuestos a colaborar. A escuchar. A participar. A aprender con vuestros hijos y conmigo. A seguir creciendo.

Ahora, más que nunca, entiendo tantas cosas...

Os pido perdón a aquellos a quienes os he dicho cosas en un momento dado que no estabais preparados para escuchar o afrontar. Claro que siempre que he detectado algo lo he comunicado con el fin de ayudar. De ponernos a trabajar JUNTOS para que el niño avance y sea fuerte. Feliz.

Pero ahora veo claramente que a veces no queremos o necesitamos escuchar ciertas cosas.
Porque nos duelen.
Porque nos hacen cuestionarnos a nosotros mismos.
Porque remueven nuestros miedos o inseguridades.
Porque esa fusión "mamá-hijo" o "hijo-mamá" nos hace sufrir muchas veces, aunque también nos llena de satisfacción muchas otras.
Porque, la mayoría de las veces, cuando hacemos las cosas de una determinada forma es porque no hemos sabido o podido hacerlo mejor.
Porque como madres, nosotras también "sabemos" o "intuimos" cuando nuestro hijo no está del todo bien o tiene cosas que superar, pero no tenemos las herramientas para ayudarle a crecer.

Las personas. Las maestras. Otras mamás... En general, la sociedad entiende que tiene derecho a opinar sobre nuestro modelo de crianza. Qué está bien o mal.

Entiendo que es difícil.

Tener hijos, en sí mismo, es muy sencillo, ¿no?
Sin embargo, una vez el niño "ya está aquí", hay que vivir el día a día.
Hay que tomar cantidad de decisiones.

A veces, esas decisiones son sencillas:

- Le pongo la camiseta azul o la verde.
- Le doy plátano o manzana para merendar.
- Vamos a la piscina o al parque esta tarde.

Pero hay otras muchas decisiones que no son nada fáciles de tomar.
Muchas de ellas son inconscientes. Están relacionadas con lo que vivimos nosotros de niños/as o incluso, con lo que vivieron nuestros antepasados.

Algunos de vosotros os sorprenderéis al leer esto. Pero es totalmente cierto.

Somos consecuencia de generaciones y generaciones de relaciones.
De emociones. De palabras y actos que quedan marcados en nosotros.

Voy a poner ejemplos para verlo más claro. Ya desde que estás embarazada, mucha gente te dice:

"Cuando nazca, lo que tienes que hacer es..."

- Dejarlo en su cuna con varios chupetes, si son fluorescentes mejor, porque así no te despierta.
- Dormirle con un peluche encima del cuerpo para que "piense" que sigues ahí.
- Pasarle a la otra habitación antes de que empiece a ser "personita", es decir a los 3 o 4 meses.
- Ponerle el chupete.
- Darle el pecho lo justo y necesario. Y sino se lo das ¡tampoco pasa nada!
- No cogerle en brazos.
- Dejarle llorar.
- No acostumbrarle a ti, que luego sufre mucho cuando tengas que incorporarte.

Y luego hay otra gente. Vamos a llamarlos, con cariño, los "progres".

"Lo que tienes que hacer es..."

- Darle el pecho a demanda.
- Dormir con él (o ella) en tu cama.
- No usar chupete.
- No dejarle llorar.
- Dejar que se exprese a través del llanto.
- Cogerte una excedencia o reducción de jornada.
- No llevarle a la "guarde".
- Dejarle con sus abuelos.

Y así, un largo etc.

Algunas de estas personas son madres y otras no.
En cualquier caso, te dicen todo eso porque es lo que ellas han vivido.
Lo que hicieron con ellas sus madres. Lo que piensan que es "mejor".

Puede que algunas de ellas hayan hecho esas cosas aún sintiendo que deberían hacer lo contrario.

He escuchado mamás o compañeras de profesión que me dicen:

"Yo al principio le cogía. Le daba besitos. Le acariciaba. Le dormía en brazos y ERA FELIZ.
Un día, me dijeron:

- Lo vas a malacostumbrar.
- Verás cómo va a sufrir cuando tú no estés.
- Quita. Que te enseño cómo hay que hacerlo.

Y entonces pensé: tiene razón. Gracias por enseñarme".

Cuando oigo estas historias, siento decir que ¡se me ponen los pelos de punta!

¡Qué falta de respeto y empatía!

Tú te estabas guiando por tu instinto y siendo feliz. Tu bebé estaba feliz también.

¿Por qué cambiar?

¡Qué manía de jugar con nuestras emociones! Con nuestras inseguridades y nuestros miedos. ¡Ya está bien de tanta amenaza! Que parece que la gente disfruta más viéndote amargada y estresada que feliz.
No, hombre. ¡No!

Puede que llegue un día en el que te tengas que incorporar a trabajar (y ese día esté cerca). Depende de tus posibilidades o de tu decisión personal, eso será unos meses antes o después.

Puede que tu jornada laboral sea corta o larga. Que no llegues hasta tarde a casa y no te quede otro remedio que dejarlo en una Escuela Infantil, con los abuelos o con alguien que "le cuide".

Pero NO HOY.

Hoy ese bebé aún sigue dentro de ti.
Hoy ese bebé sólo tiene unas semanas o unos meses y todavía "no sabe" que "ha salido al mundo".
Hoy, tú misma vives en esa burbuja de amor y aprendizaje constante.

Tú tienes que vivir por ti misma lo que sientes y quieres. Y ver con tus propios ojos lo que siente y quiere tu bebé. Porque te lo va a decir.
¡Sin duda!

Con su mirada. Con sus gestos relajados. Con su llanto.
Con sus palabras cuando sepa hablar...

Reivindico el ritmo lento. La presencia y la conciencia.
El disfrutar del momento.
El poder descansar. Respirar. Hacer las cosas con calma mientras podamos.

Algunos de vosotros sabréis que yo, inicialmente, siempre quise estudiar medicina. Pediatría.

Es ahora, a raíz del embarazo, cuando estoy retomando algunas de estas inquietudes.
Leo. Investigo. Aprendo.

Hace poco, leyendo un libro de consultas pediátricas, leí una frase que me marcó y venía a decir algo así.

"¿Qué es mejor? ¿Haber sido feliz y echarlo de menos? ¿O no haber sido feliz nunca para así no sentir nada?"

Cada uno que decida la opción que mejor le va.

Personalmente, prefiero vivir intensamente este tiempo con mi bebé. Los dos meses (como máximo) que quedan de "barriguita" y todo lo que venga después.

Al igual que el verano pasado viví intensamente con mi pareja el disfrutar el uno del otro a solas. Los viajes.

Los momentos en los que he pasado horas investigando y viendo cómo sorprender a mis alumnos, para luego hacer mil cosas con ellos dentro del aula.

Para muchas mamás y papás ya están a punto de terminar las vacaciones.
A lo mejor incluso os habéis tenido que incorporar al trabajo y estáis haciendo malabares para gestionar el tiempo que queda antes de que los niños "vuelvan al cole".

Sea como sea, no perdáis la ocasión de disfrutar de lo que queda antes de la vuelta a la rutina.
Pasad tiempo de calidad con vuestros hijos. Jugad. Leed juntos. Aprovechad para ir a todos aquellos sitios que durante el año, con el frío y las prisas, nunca tenéis tiempo.
Dadles los besos y los achuchones que os nazcan u os apetezca darles.

Sed inmensamente felices y no penséis ni anticipéis la angustia del "inicio de curso". Cuando llegue el momento, entre todos, profesionales y familiares, intentaremos que los niños estén lo mejor posible y que se vayan adaptando.

Eso no será cuestión de un día. Ni de unas horas.
Ni de una semana.
Como dice una periodista que escribe sobre maternidad, crianza consciente y respetuosa, que sigo hace poco, Míriam Tirado, "es una carrera de fondo".

Os dejo unos links a páginas que estoy siguiendo y me están gustando mucho:

http://www.miriamtirado.com/es/
http://luciamipediatra.com/
http://www.bebesymas.com/autor/armandobastida

Y también algunos libros:

"Lo mejor de nuestras vidas" - Lucía Galán Bertrand.


"Entre tu pediatra y tú" - Carlos González.


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