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domingo, 7 de febrero de 2016

¿Cuál es la meta? - Aprender a escucharte.

¡Buenos días a todos!

El viernes tuve la gran oportunidad de volver a la escuela donde estudié Magisterio, hace 10 años.
Para muchos, y con razón, será poco tiempo.
Para otros, que aún estén estudiando, será mucho.

Yo siento que es un número mágico.
Un tiempo muy intenso, en el que he ido creciendo como maestra y como persona.

Estoy hablando de la escuela universitaria La Salle.

En un momento en el que yo no sabía muy bien lo que quería, como la mayoría de jóvenes de 18 años, encontré mi lugar y mi vocación, guiada por grandes personas y profesionales, que nunca olvidaré.

La vida, tan sabia, sabe llevarte al lugar exacto donde debes estar, en el momento justo.

He tenido la gran suerte de reencontrarme con algunos de aquellos profesores, cuya mirada me devuelve la fuerza de mis valores, de mis grandes ideales, de mis señas de identidad.

El amor y el respeto.
La responsabilidad. Las ganas de innovar y esforzarme.
La compasión. La mirada tierna y comprensiva, hacia aquellos que más lo necesitan.
La risa y la creatividad.
Las ganas de trabajar en equipo y hacer algo grande.
Las ganas de aprender y compartir.

Es curioso cómo, desde pequeña, siempre quise trabajar con niños, aunque mi primera idea siempre fue medicina.
Es curioso cómo vuelven a mí los recuerdos... Aquellos momentos en los que bailaba y cantaba en cada rincón de mi casa, con apenas 5 o 6 años.
Es curioso cómo recuerdo las horas que pasaba dibujando, coloreando, escuchando música...
Observando y escuchando. Aprendiendo de todo. Disfrutando de mi familia, de los viajes, de la naturaleza... Fantaseando con un millón de vidas. Un millón de escenarios.
Hoy comprendo que todo aquello me hace ser quien soy hoy.

La semana pasada, compartía con mis compañeras Sara y Alicia, mi idea para el festival de final de curso.

Algunos dirán:

¡Sí que vas lejos! ¡Queda un montón!

Pero lo cierto es que siento que se puede hacer un trabajo bien bonito que, si vamos construyendo y preparando poco a poco, será... Inolvidable.

Y es que últimamente he vuelto a mis buenas costumbres:

  • Sonreír, 
  • cantar, 
  • expresarme,
  • dar cariño sincero, 
  • mirar a los ojos, 
  • abrir el corazón
  • observar y escuchar

A mis alumnos, sus familias y a mi entorno en general (compañeros de profesión, familia, amigos, pareja...)

Últimamente, veo con más claridad hacia dónde se deben dirigir mis pasos. Cuál es mi meta.

Como maestra, y como persona, una debe ser consciente de sus puntos fuertes. Preguntarse...

¿Qué me gusta?
¿Qué se me da bien? 
¿Cómo aprendí y aprendo mejor?
¿Qué me motiva?

Sólo desde ahí puedes ofrecer algo de valor.
Con la seguridad que te da tu esencia. Sin disfraces. Sin pretender ser algo que no eres.
Aceptando aquello que no puedes cambiar, en especial, lo ajeno a ti, y confiando en tu intuición y buenas intenciones, como hablaba en la última entrada.

Desde esa mezcla perfecta entre corazón y razón, debemos tomar decisiones para la práctica docente diaria.

Es en esta línea en la que llevo trabajando en las últimas semanas y en la que he profundizado en un curso que he realizado este fin de semana en La Salle.

"Metodologías interactivas. Inteligencias múltiples. Aprendizaje basado en proyectos"

Quiero agradecer en este punto a la organización y, especialmente, a Mónika Horch, directora del colegio Monserrat de Barcelona y a Mar Sánchez, directora del colegio Nazaret Oporto, de Madrid, por su trabajo, su compromiso, su luz, tan bonita, su buen hacer, sus palabras amables e inspiradoras y, por supuesto, su tiempo y dedicación en este fin de semana con los asistentes al curso.

Yo, que siempre me pregunto qué es lo fundamental en la escuela, me quedo con una idea por encima de todas: 

La escuela es un espacio para compartir.
Un espacio para brindar oportunidades de aprendizaje.
Un espacio donde ser.
Un espacio donde, en la medida de lo posible, cambiaremos el presente y el futuro de nuestra comunidad, a mejor.
Un espacio donde se deben mimar los detalles.

Porque aprender es amar.
Porque enseñar, compartir lo que uno sabe, es también un acto de amor.

En un mundo y una sociedad sobreestimulada.
A veces, intoxicada.
La sociedad de la información y la desinformación.
Las redes sociales vs la individualidad.
El consumismo y la búsqueda de valores...

Yo me pregunto...
¿Mi misión como maestra es "enseñar"?

¿Qué puedo enseñar de valor?
Si cada uno tiene su vida y su camino. Una experiencia totalmente diferente, pero igualmente valiosa.

Todo está en los libros. Todo está en Internet.
Todo... Menos lo que está dentro de uno mismo.

La reflexión.
Las emociones.
El cariño.

La comprensión de todo lo que nos pasa y pasa a nuestro alrededor.

Para mí, ese es el gran objetivo: acompañar en ese proceso de crecimiento, de reflexión, de evolución emocional, racional, social, física... 

Y con esto claro, sólo me queda ¡ponerme a trabajar!
Planificar, organizar, invitar a todo aquel que me quiera acompañar en esta aventura. En este gran viaje. Así que... 

Bienvenido lector. Bienvenido maestro. Bienvenida familia. Bienvenido alumno.

Estoy deseando escucharte. O como se llama este blog "Aprender a escucharte".


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